La selección de España selló su clasificación al Mundial 2026 con una autoridad incontestable en las eliminatorias de la UEFA.
El conjunto ibérico dominó su grupo desplegando un fútbol de posesión quirúrgica combinada con una verticalidad letal, asegurando su boleto directo de manera anticipada y evitando cualquier tipo de drama en los repechajes. Con un proceso plenamente consolidado que ya sabe lo que es reinar en el Viejo Continente, el equipo llega a suelo norteamericano en un estado de forma envidiable y con la firme convicción de revivir sus jornadas más gloriosas.
La propuesta española encuentra su brújula y equilibrio absoluto en la jerarquía de Rodri, el auténtico termómetro encargado de dictar el ritmo del juego en la medular. El desequilibrio, la fantasía y el vértigo en ataque están garantizados por la genialidad de Lamine Yamal junto a la velocidad eléctrica de Nico Williams, dos puñales por las bandas que asombran al planeta entero. Asimismo, la claridad en la gestación pasa por la magia de Pedri, mientras que todos los focos apuntan al joven defensor Pau Cubarsí, la gran promesa de la zaga cuya madurez para salir jugando es el sello de identidad de esta nueva era.
Ubicada en el atractivo Grupo H, España parte como el rival a vencer en un sector caracterizado por la diversidad de estilos. La escuadra europea asumirá el reto de medir fuerzas ante la histórica intensidad y garra de Uruguay, descifrar el riguroso orden defensivo de Arabia Saudí y contrarrestar el entusiasmo de la sorprendente Cabo Verde.
Bajo el nuevo formato de 48 selecciones, donde los mejores terceros también avanzan a los dieciseisavos de final, el combinado español no saldrá a especular; su meta real es el liderato invicto para asegurar un cruce favorable y afianzar su camino hacia la gran final.