La República Checa pone fin a una sequía de 20 años sin asistir a una cita mundialista tras superar un camino tortuoso en las eliminatorias de la UEFA.
Después de quedar segunda en su grupo por detrás de Croacia, la selección checa tuvo que jugarse la vida en el repechaje, donde eliminó a Irlanda en una agónica tanda de penales tras empatar 2-2 en el tiempo regular. Finalmente, selló su clasificación definitiva al vencer, también por la vía de los penales, a Dinamarca, demostrando una fortaleza mental inquebrantable bajo la dirección del veterano Miroslav Koubek.
El referente indiscutible y carta de gol es Patrik Schick, el espigado delantero del Bayer Leverkusen, cuya capacidad aérea y técnica en el área son vitales para el esquema de Koubek. El equilibrio en la medular lo aporta el capitán Tomáš Souček, del West Ham, mientras que la solidez defensiva recae en Ladislav Krejčí. Como joven promesa a seguir destaca Adam Karabec, un mediocampista dinámico que aporta la frescura necesaria para las transiciones rápidas del equipo.
Ubicada en el Grupo A, la selección checa protagonizará uno de los duelos de apertura el 11 de junio contra Corea del Sur en el Estadio Akron de Guadalajara. Posteriormente, viajará a Atlanta para medirse ante Sudáfrica y cerrará la fase de grupos en un duelo electrizante frente al anfitrión México.
Con el nuevo formato de competencia, los checos tienen amplias posibilidades de avanzar a dieciseisavos de final, ya sea como uno de los punteros o como uno de los mejores terceros, apoyándose en su juego físico y balones detenidos para superar a sus rivales.